Editoriales

AJISHAMA

Escrito el 12/07/2013

 

El pasado jueves, 11 de julio, murió en un accidente de tránsito entre Maripa y Ciudad Bolívar, el hermano jesuita José María Korta, un misionero de los nuevos tiempos, un fiel seguidor de Jesús, que trató de insertar el evangelio en la realidad y cultura de los pueblos indígenas. Korta siempre tuvo muy claro que el seguimiento a Jesús exigía la opción por los últimos y más olvidados, en este caso, los indígenas, y a ellos entregó  los últimos 45 años de su vida.  No sólo se dedicó a trabajar con los indígenas, sino que se hizo uno más de ellos, hasta el punto que muchos le criticaban que vestía como ellos, con guayuco. Murió como tenía que morir: con las botas puestas, muy cerca de la Universidad Indígena del Tauca, que fue su última gran obra. En realidad, yo que conocí bien su fortaleza y su espíritu rebelde e indómito,  no me imagino a Korta  en una enfermería ni en una cama de hospital. De hecho,  cuando el año pasado sintió que  le disminuían las fuerzas escribió a su superior una carta oponiéndose al tratamiento hospitalario: No quiero que se me ponga en una sala de cuidados intensivos en caso de una falla o accidente en mi salud. Quiero morir con dignidad, sabiendo y creyendo que la muerte es un paso necesario para el encuentro con el Padre de la vida.’

Los indígenas con los que vivió y que lo querían como a un verdadero padre, lo bautizaron Ajishama, palaba yekuana para la garza blanca que muestra el camino hacia la salvación. Eso es lo único que pretendió Korta: que se les reconociera a los indígenas sus derechos y se les permitiera ser los auténticos protagonistas de su propio desarrollo. Por ello, siempre tuvo serios problemas con los organismos que supuestamente trabajan a favor de los indígenas pero son ellos, los supuestos iluminados, los que deciden qué les conviene a los indígenas, sin escucharlos en serio ni tomarlos en cuenta, sin permitir por ello su  verdadera participación. Y, por supuesto, tuvo  graves problemas con todos aquellos, indígenas y criollos, que se sirven del indígena para su propio provecho o para acumular cuotas personales de poder

Korta alcanzó notoriedad y se subió  a las primeras planas de los periódicos y noticieros cuando a sus 81 años de edad, el 18 de octubre de 2010, se declaró en huelga de hambre frente al parlamento venezolano, para exigir que el cacique yukpa Sabino Romero   fuera juzgado según las leyes indígenas y para que se adelantara la demarcación de las tierras indígenas que, según la Constitución, debía haberse hecho en el año 2001, y que doce años después seguía meramente en la proclama. De hecho, si bien siempre aplaudió los avances a nivel de la Constitución y de las leyes a favor de los indígenas,  siempre se mostró muy crítico de la burocracia del Estado. En una entrevista radial que le hicieron el 5 de marzo de 2013, no vaciló en decir que uno de los mayores errores había sido la creación del Ministerio del Poder Popular de los pueblos indígenas, que estaba contribuyendo a dividir a los indígenas y a convertir a sus líderes en meros receptores de dádivas  como medio para manipularlos y utilizarlos politiqueramente.

Ajishama dedicó sus últimos años a crear y promover la Universidad Indígena de Venezuela, reconocida oficialmente como tal por Decreto Presidencial N. 8631 del 29 de noviembre de 2011. Enclavada en el corazón de la amazonia venezolana, en un reducto selvático y de sabana a orillas del río Tauca, no es sólo una Universidad para los indígenas, sino una Universidad de indígenas, pues son las propias comunidades sus propulsoras y gestoras. La universidad fue creada para formar jóvenes orgullosos de su identidad, conscientes de la realidad amerindia contemporánea, y capaces de ofrecer alternativas para devolver la libertad y la autosustentabilidad a sus comunidades. Los alumnos son seleccionados por sus propias comunidades, no por criterios académicos, sino por sus capacidades para la organización política en pro de la defensa de los derechos colectivos. Viven en un entorno semejante al de sus comunidades, en grupos de acuerdo a su etnia. Se bajan de sus hamacas al amanecer y se bañan en el río Tauca. Después de desayunar, tienen una hora de estudio personal antes de empezar las clases, a las que han incorporado las nuevas tecnologías. El currículo fue elaborado con la colaboración de los ancianos y contempla  tres ejes: el cultural, el de concientización y el productivo.

Adiós, Ajishama, garza blanca que has emprendido tu mejor vuelo hacia el corazón del Padre.

Antonio Pérez Esclarín

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